Jabones Originarios de Aleppo

 

    El jabón de Aleppo, cuyo nombre le viene de la ciudad siria donde nació, fue el primero en fabricarse en pastilla. Sus orígenes se remontan a los fenicios (1.300 años antes de Cristo), quienes ya lo fabricaban a base de aceite de laurel y oliva puro, igual que se hace hoy; sin emplear fragancias ni colorantes artificiales.

 

No contiene: Conservantes, colorantes, perfumes ni productos de origen animal.


    Sus propiedades resultan beneficiosas para todo tipo de pieles, tanto para el rostro como para el cuerpo, y han sido reconocidas durante milenios en todo el mundo. El color verde intenso que caracteriza a este jabón indica el gran contenido en vitamina E que posee. Pero, además, el aceite de laurel tiene propiedades antisépticas y desinfectantes, es estimulante, fortalece la epidermis, la nutre y la restaura evitando la deshidratación.

    Aunque está recomendado para toda clase de pieles, resulta especialmente indicado para: abscesos, acné, asperezas, dermatitis, escamas, úlceras de piel, grietas, durezas, infecciones causadas por hongos, irritación, poros abiertos...

    Este jabón es el único que combina los métodos de producción más tradicionales con los ingredientes más naturales. Fue conocido en todo el área mediterránea gracias a las Cruzadas. De hecho, el jabón de Marsella se fabricó a imagen y semejanza del originario de la ciudad siria. Sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que el jabón de Alepo es la madre de todos los jabones.

 

 

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